06/12/09

6 - diciembre


Mi querida amiga, se han engalanado las calles de esta ciudad nuestra. Han colgado miles de bombillas. La Navidad se acerca por todos los rincones. En la televisión han empezado los anuncios, que nos dicen los días que llegan las fiestas que se nos avecinan.

Yo hoy he oído, por primera vez este año, ese anuncio, que se te clava en el alma desde hace tanto tiempo. Es bonito, tiene una música que suena íntima, cercana. Habla de llegadas, de encuentros, de emociones, de calor de hogar.

“Vuelve… a casa vuelve…vuelve a tu hogar…”

Y he pensado en ti. No he podido evitarlo. Sé de la tristeza que te inunda, cuando lo escuchas, de la lágrima que resbala por tu mejilla, silenciosa, muda, de adentro, esa que duelen tanto y agarran el corazón, apretándolo hasta el extremo.

Había sonado más navidades, pero en ésa se hizo nuevo para ti. Porque allá por Marzo, se había ido una de las personas que más querías. Te dijo adiós con una mirada cargada de tristeza, cuando lo besaste aquella tarde al salir del hospital. No supiste entenderla hasta mucho más tarde, cuando ya sus ojos no te podían ver, ni tú a él tampoco. Quizás te quería decir todo con ella. Quizás encerraba la sabiduría de la certeza, ¡quién sabe! ¿verdad?

Habías bromeado en el tiempo que duró la visita, diciéndole que pronto él estaría de pie y tú en la cama, que él sería la visita y tú la visitada. Apenas faltaban cuatro meses para que naciera tu primer hijo, y era lo que más ilusión le hacía en el mundo, conocer a su primer nieto/a.

No pudo ser, se fue antes, en esa noche. Enfrentabas a la muerte por primera vez, y ésta golpeaba en una de tus personas más queridas, uno de tus referentes. Te desarmó. Y tú, al saberlo, te abrazaste al hijo que llevabas dentro, como si lo quisieras proteger del dolor tan inmenso que te atenazaba. Protegerlo no sabías bien de qué, ni cómo. Quizás de ti, de tu lamento, de tu sufrimiento.

Recuerdo que, cuando ya había pasado todo, me dijiste que habías estado una semana comunicándote escribiendo; podías hablar, pero no oías. Tus oídos se quedaron sordos, al sangrar en la noche. Os quedasteis íntimos, tu hijo, tú y el dolor. Te duró una semana la lejanía con el mundo que te rodeaba, del que tú no querías saber nada. Al que te negabas a escuchar. Era como querer protegerte del exterior, de todo lo que no fuese esa intimidad tuya, ese adiós en el silencio más absoluto.

“ Vuelve… a casa vuelve…vuelve a tu hogar…”

Volvió cada Navidad a sonar. Y seguiste derramando las lágrimas silenciosas, mudas, de adentro. Después con el paso de los años, en tus navidades hubo risas de niños y ojitos maravillados, mirando las luces, ilusionándose con las fiestas, cantando villancicos, poniendo el belén. Tu tristeza siempre aparecía, aunque una sonrisa la tapara. Y en tu casa ese anuncio gustaba a tus niños -mira, mamá mira-, y sonreías guardando el nudo que te atenazaba la garganta.


Ya te faltan todos ellos, tus padres, los más importantes. Los que más te duelen. Y los abuelos. Se han ido tus raíces, me dices muchas veces . Ya son muchos los que no vuelven para ti. Y suena a pena tu voz, a tristeza, a nostalgia, a recuerdo grabado en el corazón, a lágrima silenciosa, muda, de adentro.
Y sé que volverás a llorar, como cada año, a solas, no importa cuánto suene, ni cuántos días lo haga. Tu corazón seguirá apretándose con esa música con esa letra y esas imágenes.

“ Vuelve…a casa vuelve…vuelve a tu hogar…”

Y, de nuevo, también como siempre, pintarás una sonrisa en tus labios, al estar todos juntos, y ellos, te mirarán de reojo y callarán y harán una broma, y reiréis.

Un beso.

Lucía.

23/11/09

23 - noviembre ( otoño)


Ante una cuartilla en blanco, una vez más, para dejar correr mi mano trazando unas letras. Letras que existen por y para ti. Momentos compartidos al olor del sándalo y luz anaranjada. Momentos escritos y leídos en silencio.

Hoy, tu voz al teléfono, sonaba triste, nostálgica. Sabes que te recuerdo siempre y a cada momento, que cuento los días y tacho en el calendario cada uno de ellos, para llegar al momento en que nos veamos y disfrutemos de un tiempo juntos. Mientras, te soplaré como un viento suave, en ese corazón que tanto siento, al que tanto quiero, con cada una de mis letras.

Ya pronto llega tu cumpleaños y lo pasaremos juntos.
¿Recuerdas el primer cumpleaños ? Ese día ibas a una conferencia a última hora de la tarde, ineludible, me dijiste, y te sonreí pícara, no me entendiste.

Cuando te ibas, después del café, al darte el abrazo, deslicé en tu bolsillo un cd, llevaba una sola canción, que había grabado esa mañana. Lía.
Es mi regalo, te dije, ahora cuando vayas en el coche escúchala, y volví a sonreír de forma pícara. Pensaste que sería lo último que había salido al mercado de tu música favorita, ¡te equivocabas!, era una canción elegida únicamente para ti, ni imaginabas lo que te ibas a encontrar.

A la hora de la conferencia me fui para compartirla contigo, no lo sabías. Te dije que no te acompañaba. Llegué y me senté al otro lado de donde tú estabas. No te diste cuenta hasta que apartaste la mirada de la mesa de oradores y me descubriste. Volví a sonreírte, pero esta vez, con una mezcla entre pícara y tierna.
Y a tu sorpresa de verme, se le sumó la chispa, el recuerdo de la canción. Jamás una distancia fue tan corta, ni dos miradas se hablaron tanto. Tú seguiste escuchando la canción al verme y yo la escuché al verte. Sí, ésa, amor, la que te sonará a ti mientras me leas, ( seguro que la pones) la que me suena a mí, mientras te escribo.

Estuviste nervioso todo el tiempo, querías seguir atento a lo que decían, pero tus ojos escapaban continuamente buscando mi mirada. Yo te miraba de reojo o retiraba la mirada rápida, si veía que me buscabas. Un juego entre los dos que te hacía poner más nervioso aún, dentro de una sala llena de gente, ajena a lo que dentro de cada uno de nosotros pasaba, ajenas a ese momento, que vivíamos tan cerca, tan nuestro, aún separados por unos cuantos metros.

Más tarde, en el coche, mientras nos dirigíamos a cenar y tomar una copa después, la volvimos a oír juntos.Tu mano me buscaba y yo apoyaba la mía en tu nuca, en una caricia suave. Me llenabas de preguntas, que yo esquivaba. Te escurres como un pez, me decías, contesta, di, me enervas, seguías diciéndome y yo seguía esquivando las respuestas y sonriendo, enamorada. Ya sabes, eso de enervarte, ¡me encanta!, es tan dulce después.

Y liada a tus brazos ando desde entonces. Viviendo en cada uno de tus besos, muriendo en cada una de tus caricias, para volver a revivir de nuevo. Renaciendo a tu amor a cada hora, a cada segundo, en cada una de las tristezas que te deja la nostalgia. Ahí, junto a ti.
Siénteme, amor. Lo sabes…te quiero.

Lucía.




08/11/09

8 - noviembre - LuZía.


Será la primera carta que te escriba y también la última. Después, no habrá más, no existirán más. Volverá el silencio a mis labios, la quietud a mis dedos.

Nos conocimos allá por el año 2000, o quizás el 2001, perdona que no lo recuerde con exactitud, casi entra dentro de lo lógico, ¿verdad?. Nadie nos presentó, no hizo falta. Tampoco se produjo ninguna mirada de esas que dicen sin hablar, ni se encendieron fuegos artificiales, ni se paralizó el universo, bueno, sí, se paralizó un universo, el mío.

Me encontré contigo inesperadamente. Llegaste, queriéndome hasta el extremo. No existían horas o minutos del día donde tú no estuvieras presente. Habías entrado en mi vida, sin más. Lo llenabas todo, cada rincón, cada espacio, cada hora, cada segundo. Atrapada entre tus redes, yo apenas podía protestar, decir o hacer otra cosa más que tu voluntad.

No sabías de sutilezas, pero sí de refinamientos, de cómo hacer para dejarme anulada, de apartarme de todo y de todos. De volcar mi vida, de girarla, en un giro radical, absoluto.

Primero, me despojaste de toda caricia, de toda expresión de amor que nadie quisiera mostrarme. No dejabas que ninguna mano rozase mi piel, que ningún abrazo me estrechara, si no era el tuyo. Ni el roce de la más suave de las sábanas me consentías. No te importaban lágrimas ni ruegos, eras tú y siempre tú, quien podías reinar en mí. Así, me acostumbre a vivir, sin besos, sin caricias, sin abrazos. Siempre rehusando cualquier muestra de cariño, siempre acompañada por el miedo a ellas. Mientras, tú sonreías feliz, saboreando tus victorias.

Después, poco a poco, me fuiste alejando de todos mis amigos, de todos mis cariños. Pocos resistieron. ¡Era tan difícil comprenderme o comprenderte! Y llevaban razón. ¿Qué amigo se queda, si le dejas las entradas a un teatro en el bolsillo? ¿Quién, después de reservar una cena, acepta una llamada que le diga que no asistes, que te perdone? ¿ Quién, después de planear un fin de semana, durante todo un mes, se queda colgado sin hacerlo, porque tampoco vas y no entiende las disculpas?¿Quién entiende que rehúses sus caricias? ¿ Dime? ¿Quién? Ellos, la mayoría no pudieron, y como en una procesión, desfilaron todos. Algunos, los más valientes, con un adiós, otros, los más cobardes, con un silencio. El que eligió quedarse, se agotaba en el intento de comprenderme o comprenderte.

Pasó el tiempo, y un buen día, te encontraste, sin querer, que te plantaba cara, que no obedecía tus órdenes, que te tenía menos miedo. De tanto vivirte, aprendí los trucos para poder alejarme de vez en cuando. Recuerdo mi alegría y tu rabia. Dejaste de ser lo más importante. De manejarme. Conseguí que me vivieras cada día un poquito menos. Te relegué a ser una simple visita, algo inoportuno, que se presenta sin ser invitada, sin avisar.

Sé que pago cara mi osadía (no aceptas un adiós), yo no lo he hecho del todo. Bien lo sabes. Sólo que ahora te cuesta más adueñarte de mí, y mira que lo intentas cada vez que vienes, pero cada vez, también, te dejo menos disfrutar de mi compañía y tu visita dura menos, muy a tu pesar. Aprendí a ser más fuerte. A ganar batallas.

¡Ah!, no quiero olvidar decirte, que las caricias han vuelto y los besos y las cenas y el teatro.
Sí, ya sé, te encuentro siempre en la puerta, esperando cuando vuelvo, sólo que algunas veces no te dejo paso.
Quisiera que fuera una carta de despedida…, aunque sé que eso es una quimera.
LuZía.

22/10/09

22- octubre (otoño)


Hay una soledad en esta tarde, amor, que me va impregnando poco a poco. Como si de una lágrima se tratara, quizás tenga un nombre y ése sea nostalgia.

Claro, que la tarde hoy por aquí anda gris, llena de lluvia. Y sólo me apetece estar al calor de tus brazos. Bajar la luz, que una música suave suene y nosotros estuviesemos sentados en el sofá apurando ese cigarrillo que siempre pasa de tu boca a mi boca. Hablarnos o sólo mirarnos y entendernos. Sentir el beso, ese que surge sin pedir, que nace de una mirada, de una sonrisa y se nos queda en los labios, largo, lento, sin tiempo.

¿Ves?, ya me está visitando la nostalgia, ésa que tanto te gusta que te diga, la que se instala en mi corazón desde el primer momento en que el tren que te lleva se aleja. Y sonríes cuando te lo cuento y acaricias mi cara, o te escucho al otro lado del teléfono con la voz agitada.

Te encanta que te extrañe y me haces repetir la misma palabra: te quiero. Y me dices que te la diga más, que quieres oírmela, que te sabe a poco, que quieres llenarte de ella, y repito y repito, hasta terminar con una carcajada y un secreto… que a mí me gusta decírtela tanto como a ti oírla.

Qué bonito, amor, saber que tú estás detrás de estas letras. Que tu mano sujeta mi carta y tu mirada la va recorriendo. Que sabes de cada palabra, hasta la que no pronuncio, que te pierdes en ellas. Que las guardas en ese lugar que sólo tú y yo sabemos, que sólo tú y yo sentimos nuestro. Saber que nos vivimos a cada instante, que no existen distancias, que estás aquí, que estoy ahí, por siempre.

Sabes cuánto me llenas la vida ¿ verdad?, sí, lo sabes. No dejas resquicio, ni camino que recorrer, me inundas con toda la fuerza, me fluyes en un amor que no conoce límite. Me siembras de cariño con cada una de tus miradas, con cada una de tus palabras. Sanas cada una de mis horas amargas. Y yo rompo sombras, y paro horas y recojo sueños y guardo ilusiones y colecciono te quieros. Por ti, amor, para ti.

Ahí fuera de ti y de mí, camina el otoño, con sus días largos, más largos desde que no estás.
Va sembrando de hojas muertas nuestro parque. Y espera nuestros pasos. Yo espero ese tren que volverá a traerte a mí otra vez, para pasear las hojas secas y llenar de color los días grises.
Para estrecharnos bajo un paraguas, y pisar charcos, como dos niños. Para regalarnos gestos, ternura, momentos y noches de magia, de ensueño.

Escucho una de nuestras canciones. Entorno los ojos… te pienso. Te siento a mi lado… me pierdo. Despacito y suave… te estrecho. En un susurro… te mando un beso.

Siénteme, amor. Lo sabes…te quiero.
Lucía.

13/10/09

14- octubre ( otoño)


Después de hablar con “la razón”, en ese diálogo de tú a tú, que mantenemos algunas veces, me ha hecho ver que, tendría que escribirte. Y aquí me tienes, dejando volar los sentimientos, dejando ir los dedos, plasmando.

No sé si eres maravilloso o no. No sé si caminas a mi lado o vas descompasando el paso a cada instante, dejándome atrás en la marcha sin importarte mis caídas. Si andas metido en mis venas o sales y entras de ellas, sin más. Si tu pecho es mi lecho, o el mío el tuyo

Algunas veces llevas un ritmo y yo llevo otro, como si de una guitarra de cuerdas desafinadas fuera nuestro compás, como si las notas musicales anduvieran escapadas de la partitura de nuestra vida unas veces, o componiendo la más bella sinfonía otras. Sinfonía de amor.

Y así, eres candela pura, amor y pasión en muchos momentos. Loco, aventurero, soñador, amante o amado. Me subes y me bajas a tu antojo, en una eterna montaña rusa, de picos insufribles, de vértigos constantes. Juegas al amor con el amor . Te desatas en tormenta de alegrías, llueves en los momentos de tristeza. Me haces compartir tus momentos de locura, arrastrándome a ellas en un torbellino de sensaciones. Y me elevas y de tu mano rozo el cielo.

Pero a veces me dueles como una herida a medio cicatrizar, que se abre para recordarme que existe, que es, que está. Un fino arañazo en la piel del corazón, que, de vez en cuando , tengo que restañar a fuego vivo.

Jamás te sujetan mis riendas, ser libre es para ti una constante. Y sin embargo ¡tantas veces te pegas a mi piel! Y nos damos vida, y nos sembramos ilusiones. Enciendes y apagas las luces de mi alma. Me ves llorar y te acercas cariñoso. Me ves sufrir y me dejas un susurro. Te siento confidente, y me regalas un abrazo. Pintas la calidez de mis días , atrapas mis emociones, guardas mis recuerdos. Y yo me hago en ti, brisa fresca…,viento…

Y vuelvo a quererte otra vez en mi, llama, luz viva, candela. Olvido a “razón”, y me pierdo en el remolino de tus deseos, me sumerjo en la ola de tus besos. Busco tus manos, que tatúan caricias. Tu cuerpo que abre senderos. Tu amor para perderme dentro.

Este corazón mío, fiel compañero de horas, de alegrías y tristezas, de momentos imborrables, me dice con sus latidos, y le ha ganado la batalla. No le sirven argumentos, si se trata de ti y camina en un sólo sentido... el tuyo, pero eso ya lo sabes ¿verdad?

Quizás, amor, estas letras, simplemente sean una tarde que se duerme, entre murmullos, recordando tu amor en mí amor, tu boca en mi boca. O... quizás sólo un beso entre renglones.

Siénteme, amor. Lo sabes…te quiero.
Lucía.

06/10/09

6 - octubre (otoño)

Tengo aún tu carta entre las manos. La he leído ya tantas veces. Apenas mis ojos quieren apartarse de tus letras, es como sentir que estás, que me hablas bajito al oído, que me calientas el alma con tus palabras.

Me tiemblan las manos y una lágrima suave me rueda. Quisiera saltar distancias, hacerme viento, y llegarte sin ruido, ser una luz pequeñita y meterme en el bolsillo de tu camisa, cerquita de ese corazón tuyo, para oírte palpitar, para que me sientas cerca.

Hace frío hoy en esta tarde de otoño. Ese frío que cala y no deja resquicio. ¿Me abrazas, amor?¿ Me arropas con tus brazos añorados? Arrebujada en ti, ahí quiero sentirme. Que me traces caminos en silencio. La caricia de tu mano, la cercanía de tu aliento…si supieras mi amor, como lo quiero. Cómo te llama mi corazón y mi cuerpo.

¿Tendré que cerrar los ojos? ¿Tendré que introducirme en el sueño? Buscarte allí donde sé que te encuentro. En ese lugar que es solo nuestro. Donde el amor se hace para ti y para mí. Donde escapan volando ausencias y miedos. Y puedo darte todo lo que sé, todo lo que tengo, todo lo que siento.

Ya ves, todo es añoranza, nostalgia en esta tarde. Me piensas valiente y no lo soy, aunque me lo digas muchas veces, pero esta distancia me mata y este no tenerte cerca me ahoga.

Verás, hoy volviendo a casa, me pareció oír tu voz diciendo mi nombre, llamándome. Me giré rápida, en apenas un segundo. Los ojos brillantes y el corazón golpeando fuerte. ¡ Estabas aquí! ¡ habías vuelto! Ni te imaginas la cara de sorpresa de los que andaban detrás. Y la cara mía al no encontrarte. ¿Me pensabas? Quizás por eso me pareció oírte.

¿ Nos robamos un beso? Esos besos nuestros, con toda la química puesta en ellos. Los que llevan un “te quiero” encerrado, un temblor en los labios, todo el sentimiento dentro. O nos regalamos sonrisas cómplices… pícaras . O miradas que hablen sin palabras, que digan con silencios, que recorran cada gesto. O una caricia…para que te pierdas y perderme dentro de ella. Para olvidar que existe otro mundo, que no sea el nuestro.

Léeme, despacito, amor, búscame en cada palabra, en cada línea y cuando me encuentres, vuelve a guardarme muy, muy dentro. Después cierra entre las manos la carta, como lo hago yo y deja volar el pensamiento...vente a mi sueño.

Siénteme, amor. Lo sabes…te quiero.

Lucía.

26/09/09

27- Septiembre.

Ya ves, cuando menos lo esperaba. Cuando mi vida seguía un orden, llegaste y saltaron todos mis esquemas.

Fue una tarde tranquila , había quedado con unos amigos. Entre al pub donde esperaban, me sorprendió que no estaban solos, eran más personas y no las conocía, tú andabas entre ellas.

Los saludé, y después de saludarlos, literalmente tropecé con tu mirada. Permanecimos sin decir palabra, casi sin oír a José, que nos presentaba. Nos miramos con sorpresa, suspendidos , como si nos reconociéramos, quién sabe de qué , de cuándo, de dónde, aunque nos veíamos por primera vez. Segundos eléctricos, que pasaron de tus ojos a los míos, que nos recorrieron el cuerpo. Atrapamos el momento. Y los dos supimos…, lo recuerdas, ¿verdad, amor?

Descubrí, en ese instante, todos los silencios dormidos, todas las palabras calladas. Supe que seguía latiendo…, que me quedaba mucho por dar, mucho por sentir, por regalar, por vivir, y tú eras la persona, la única persona que me haría volver a sentir todo eso.

Después, llegaron las tardes juntos. Los cigarrillos compartidos, encendidos en mis labios o en los tuyos. Los dedos temblorosos, rozando la boca del otro, al pasarlo. El humo que nos soplábamos entre risas. La mirada encendida al menor roce, el corazón acelerado. Un tic tac que traspasaba más allá de la piel. La pasión apenas controlada. La sangre golpeando fuerte en las sienes.

¿Sonríes? Yo sí… ¿Recuerdas cuando te decía, “solo quiero quererte” y tú apretabas tu brazo a mi alrededor, sujetando fuerte mi cintura, y nos buscábamos los labios para dejarnos un beso que siempre nos sabía a poco? ¡Te quiero sin remedio!, decías, y nos apretábamos más fuerte.

Esta tarde, mimosa, daría algo por ronronearte cerquita, acurrucarme a tu lado en el sofá, hacerte olvidar el tiempo. Dar calma a tu cuerpo, si andas cansado. Y llenarte la noche de sabores, de olores, de mí, de ti. Dejarte, de a poquito, besos largos, profundos. Esos que te hacen soñar. ¿A qué te saben?, di. La caricia volada, apenas perceptible. O la caricia tatuada, ardiente, dejando caminos, huellas por tu piel. Ay…, ¡ qué difícil, amor, esta distancia!

Cómo hacerte llegar lo que me late en el pecho. El son de este corazón que sólo sabe latir para ti. El fuego que me arde, o la calma desesperada de tu ausencia. Que sepas de las noches de insomnio, cuando el pensamiento me vuela y el cuerpo duele de extrañarte.

Apenas, estas letras dicen el sentimiento, apenas saben reflejar mi amor, apenas… Pero tú me adivinas, amor, me sabes…, y yo duermo con tu nombre apretado entre mis labios, soñando atardeceres, esperando madrugadas.

Siénteme, amor. Lo sabes… te quiero.
Lucía.